
Copio a continuación el relato de Luis Fernández Vaciero, antiguo residente de la
Residencia Universitaria Colegio Mayor Peñafiel (Universidad de Valladolid), que vivió en primera persona el terremoto que asoló la zona del L´Aquila (Italia) donde viven aproximadamente unas ciento cincuenta mil personas esta Semana Santa.
"El epicentro del terremoto fue a 5 km del pueblo donde estaba pasando unos días de retiro espiritual. Os podéis imaginar el temblor que tuvimos, y el susto... Un terremoto de 5.8 en la escala Richter. Gracias a Dios, las 25 personas que estábamos allí salimos completamente ilesas. La casa aguantó bien (está construida de acuerdo con las normas anti-sísmicas), pero ha quedado muy dañada, con grietas, agujeros en las paredes, tuberías rotas y toda la decoración completamente destrozada.

Ayer por la noche, a eso de las 11, hubo un primer temblor. Yo estaba dormido y me desperté extrañado, porque pensaba que el que temblaba era yo. Dudé por un momento de si podía haber sido un ligero terremoto, pero como la casa estaba tranquila y no se oían ruidos, conseguí calmarme y seguir durmiendo. Según he sabido, en torno a la una de la madrugada, hubo un segundo temblorcillo (yo no me enteré). A las 3,30 de esta madrugada llegó el auténtico baile. Es difícil describir qué se siente cuando te despiertas y se te está, en el sentido más real de la expresión, viniendo la casa abajo. Fue un temblor largo, de unos 20 segundos. Desde que me desperté fui consciente de que aquella vez iba en serio: movimientos fuertes, temblor de la estructura, ruido... Cuando se calmó, salí disparado de la habitación, gritando en el pasillo para ver si todo el mundo estaba bien. No había luz. Iba descalzo, pisando trozos de pared. Se abrió una puerta y salió José Tomás. Bajamos las escaleras a ciegas, pero otra puerta del piso inferior estaba bloqueada. Iba a subir a buscar una vela que me acordaba que había en mi habitación, cuando apareció gente con linternas desde el otro lado y la desbloquearon. Me hice con una. Ya no recuerdo muy bien cómo se sucedieron las cosas. Sé que volví a subir. Fui consciente de que tendríamos que dejar la casa (parece una evidencia, pero en esos momentos uno está como sonado), así que me puse la ropa que encontré -encima del pijama- y me calcé. Fui con la linterna al piso de arriba, donde había más gente, atontada. Les animé a abrigarse (fuera hacía 4º C y salir rápidamente). Recuerdo que me quedé iluminando a uno mientras se ponía los zapatos, y a mí me parecía que se lo tomaba con una calma alucinante...
Salimos al jardín y comprobamos que estábamos todos bien. Comenzamos a tranquilizarnos. De una casa de al lado, dos sacaron a un par de ancianas que se habían quedado atrapadas. En el pueblo donde estábamos, S. Felice d'Ocre, las casas sufrieron bastante, pero gracias a Dios, no hubo heridos. Eran las 4 de la madrugada, y hacía frío. Poco a poco, con muchas precauciones, fuimos inspeccionando algunas zonas de la casa y comprobando los desperfectos. Estaba claro que no podríamos seguir allí, porque ese lugar ya no era habitable. Más tarde, encendimos la tv, pero las noticias todavía eran muy confusas. En un momento determinado, (con miedo, porque de vez en cuando todavía había ligerísimos temblores) yo volví a subir a mi habitación para recoger mis pertenencias. En cuanto hubo un poco de luz, a eso de las 5,30 de la mañana, me subí a un coche con otros 3 y nos volvimos para Roma."