
Ayer me tuve que acercar a Valladolid por una cuestión de trabajo y aproveché para darme una vuelta por el Colegio Mayor Peñafiel; entré en la sala de estudio y tuve esa sensación que intenté describir en el primer párrafo. ¡Las horas que eché en ese cuarto!. En esos meses era cómo un "mini campo de concentración"; además había una zona habilitada dentro de la sala de estudio en la que podías entrar pero no salir y con un horario intensivo que, algunos días, era inhumano. Ahora, con la perspectiva que dan los años, agradezco todas esas iniciativas de la dirección del Colegio Mayor Peñafiel porque, gracias ellas, algunos pudimos terminar la carrera. Con estas líneas quiero animar a todos los residentes a que superen con éxito este traumático mes de junio y felicitar al Colegio Mayor Peñafiel porque, después de veinticinco años, sigue siendo fiel a su tradicción.
Un saludo,
Iñaky